André Luiz nos instruye aclarando:
El espírita, en el complejo terreno de las relaciones y los sentimientos, le toca una actitud abierta y natural, profundamente respetuosa. Si es invitado a opinar, o considera que alguien puede estar precisando de un consejo, de un apoyo, entonces lo hará, alejándose en todo momento de posturas propias del "hombre viejo": falsa moral, prejuicios sociales y atavismos pseudoreligiosos... la multiplicidad de los sentimientos y los mil y un matices del alma humana, así lo exigen.
Los problemas que devienen de una sociedad pan-sexual, no son del sexo en sí mismo, sino del mensaje que está detrás de él; aquel que a través de la publicidad, el mercado y el ocio, nos impulsa a creer que el sexo es la panacea de todo conflicto, y su práctica, la máxima expresión del ser humano, reduciéndonos así (en capacidad y transcendencia) a un conglomerado de órganos, nervios y hormonas que, no obstante, están indeleblemente comandados por lo que llamamos alma o espíritu.
Herculano Pires - profesor, filósofo y escritor espírita- es claro al pronunciarse sobre este tema: el sexo, con responsabilidad y disciplina es creación de Dios. No existe nada de sucio o repugnante en el sexo. Su patología (abusos, obsesiones...) no impide la existencia de su expresión como fuente de equilibrio y trocas fluídicas importantes. Es decir, que podemos utilizarnos de él como medio para la reproducción y también manifestación de las emociones... y es desde este punto, que tenemos que aceptar que hay diversos modos de expresar la sexualidad (que va más allá del coito), que existen múltiples vías de canalización de las energías genésicas que (aún contando con el roce de la piel) pueden, sin embargo, prescindir de los órganos genitales y expresarse de muy diversos maneras.
Y es que si nos consideramos seres racionales en proceso de evolución, es para ir superando nuestra animalidad (en la trayectoria del instinto a la emoción, y de esta a la razón y la madurez emocional) no en someternos a los impulsos inferiores. Herculano dice: "La única llave que el ser dispone para sumergirse en el misterio genésico es el amor, que él pierde en la existencia, arrebatado en el delirio de las pasiones, y sólo puede superar en la trascendencia"... También añade: "La sexualidad es una forma de manifestación del Amor. Pueden andar juntos o separados. La crisis del S. XX exige una comprensión mayor del Amor".
Y llegados a la manifestación de las emociones nos preguntamos: ¿dónde termina lo "normal" y comienza lo "anormal"? Mucho me temo que no se puede hablar de normalidad y anormalidad, habría que considerar lo positivo o negativo dentro de cualquier conducta (independientemente de la polaridad o la inclinación sexual).
No existe un modelo de manifestación del afecto (el binomio hombre-mujer), sino el cariño y la afinidad entre almas, independientemente del ropaje físico y la estructura psico-biológica que presenten. El amor real une igualmente a personas del mismo sexo, porque su mecánica interna es finalidad, es unir espíritus, y no unir sexos o cuerpos, desde el principio de los tiempos, el Amor es un concepto vasto y sus ramificaciones son infinitas. Otra cosa diferente es la manifestación de la sexualidad, que entre personas del mismo sexo, nos reportaría matizaciones a tener en cuenta.
Lejos como aún estamos de poseer una madurez emocional e intelectual fluidas y propias de Espíritus sabios, debemos ser prudentes y juiciosos, comprensivos, a la hora de juzgar en materia de sentimientos; porque, con frecuencia, caemos en posturas criticonas, moralistas o abiertamente discriminatorias, evidenciando así que somos espíritus con más prepotencia que verdadero saber, aún moviéndonos en la influencia psicológica... No tenemos ni la ciencia ni el amor suficientes para ser jueces o lanzar opiniones extremistas, sobre todo en este asunto complejo de las emociones, y por lo mismo, del patrimonio del alma adquirido en las múltiples existencias. Hasta tanto podamos hablar con la propiedad espiritual adecuada; respetemos, comprendamos y reflexionemos.
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