ESTUDIO ESPIRITA

 


AMELIE BOUDET, 214 AÑOS DE SU NATALICIO

Se están cumpliendo 214 años del natalicio de Amélie Gabrielle de Lacombe Bpudet, la distinguida esposa de Allan Kardec, a cuyo lado estuvo en todas las facetas de su vida, en su actividad pedagógica y especialmente, en la grandiosa tarea de codificar la Doctrina Espiritista.

Nacida en Thiais, localidad del departamento parisiense de Valde-Merne, el 23 de Noviembre de 1795, recibió una esmerada educación de sus padres, Julien-Louis Boudet y Julie-Louis Seigneat de Lacombe, coronada con la obtención del título de Profesora de la Escuela Normal de París. Ello le permitió acceder rápidamente al cargo de Profesora de Letras y Bellas Artes. Dejó constancia de su calidad y celo profesional en tres obras: Cuentos Primaverales (1825), Nociones de Diseño (1826) y Lo Esencial en las Bellas Artes (1828).

Luego del feliz encuentro con el Profesor Rivail hacia 1830, se casaron el 6 de febrero de 1832. Acompañó al destacado discípulo de Pestalozzi en todas sus inquietudes literarias y pedagógicas, así como en los momentos de difíciles percances económicos. Cuando, a partir de 1850, Rivail transforma su existencia y la dirige hacia el estudio de los fenómenos magnéticos, muy en boga entonces, profundizando en las investigaciones mediúmnicas que culminarían en el advenimiento del Espiritismo, del cual sería su primer Maestro, Amelie comprendió al instante la nueva idea, asimiló el cambio y le secundó solidariamente, compartiendo sin vacilación el nuevo rumbo que tomaban sus vidas.

A la desencarnación de Kardec en 1869, ella continuó la tarea espírita del esposo sin desmerecerla en nada. Enfrentó con dignidad y valentía el triste episodio, registrado por Madame Leymarie en el libro Proceso de los Espíritas, defendiendo gallardamente el limpio nombre de la Doctrina y de su esposo, así como la integridad moral del ilustre pionero Pierre Gaetan Leymarie.

Desencarnó en París el 21 de enero de 1883. Sus restos, ya inhumados, fueron depositados bajo el dolmen que cobija los de Kardec en el Cementerio de Pére-Lachaise, y todos sus bienes fueron cedidos - visto no haber tenido descendencia - a la "Sociedad para la Continuación de las Obras Espíritas de Allan Kardec".

Como mujer, como intelectual y como Espírita, no pudo tener la naciente Doctrina de los Espíritus, mejor exponente ni mejor compañera, su Codificador.

Extraído de la revista "América Espírita".

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