ESTUDIO ESPIRITA

 


EL ESPIRITISMO ANTE LA EXCELSA
FIGURA DE JESÚS DE NAZARETH

Juan Félix, Algarín Carmona
Anuario Espírita 2005

 

“Para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la VERDAD”

Jesús, Juan 18:37

El 9 de agosto de 1863, Allan Kardec pide orientación al equipo de espíritus encargados de asistirlo en su misión sobre la obra en la que estaba trabajando, y de la que no había anticipado a nadie de qué se trataría, ni siquiera a su editor el Sr. Didier. A sus preguntas los espíritus respondieron “La hora se aproxima en que habrás abiertamente de declarar lo que el Espiritismo es en sí y mostrar a todos dónde se encuentra la verdadera doctrina del Cristo; la hora se aproxima, en que a la faz del cielo y de la tierra, deberás proclamar al Espiritismo como la sola tradición cristiana, la sola institución verdaderamente divina y humana”.

Esta obra no era otra que la primera edición de El Evangelio Según el Espiritismo que vio la luz en abril de 1864, bajo el título Imitación del Evangelio según el Espiritismo. De la segunda edición en adelante, por recomendación del editor el Sr. Didier y otros amigos, Kardec la publica en versión ampliada y bajo el título actual.

Grande era la responsabilidad del Codificador y grande era la expectativa del Mundo Espiritual Mayor con la publicación de esta obra. Presentar el Espiritismo como es él realmente, es decir en su verdadera esencia, que no sería otra que ser la verdadera doctrina del Cristo.

El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las  cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Kardec asegura que “El Espiritismo viene, en el tiempo señalado, a cumplir lo que le Cristo prometió: El Espíritu de Verdad preside su establecimiento, llama a los hombres a la observación de la ley y enseña todas las cosas haciendo comprender lo que el Cristo sólo dijo en parábolas”.

Pero yendo más lejos, con su inteligencia privilegiada que hizo que Camilo Flammarion lo llamara “el sentido común encarnado”, Kardec penetra en el sentido más profundo de estas palabras y nos revela lo que él entendió que era la misión del Espiritismo, con respecto al Cristianismo y a la figura de Jesús de Nazaret; Jesús promete otro Consolador; es el Espíritu de la Verdad, que el mundo no conoce aún, porque no tiene la suficiente madurez para comprenderle y que el Padre enviará para enseñar toas las osas y para recordar lo que Cristo dijo. Si, pues, el Espíritu de Verdad debe venir más tarde a enseñar todas las osas, es porque el Cristo no lo dijo todo; si viene a recordar lo que el Cristo dijo, es porque lo habrán olvidado o comprendido mal”.

Esa es la doble misión que le corresponde al Espiritismo con respecto al Cristianismo; completar la enseñanza, ya que el Cristo no lo dijo todo y hacer que se recuerde lo que habrá sido olvidado o comprendido mal. Por eso Kardec afirma que el Espiritismo “no enseña nada contrario a lo que enseñó el Cristo, pero desarrolla, completa y explica en términos claros para todo el mundo lo que se dijo bajo la forma alegórica”.

El Espíritu de Verdad advirtió a Kardec que sería una misión peligrosa indicándoles, “sublevarás contra ti enemistades terribles; enemigos encarnizados se conjugarán para perderte”. También le recomendó, “te aconsejo hagas acopio de discreción si quieres salir airoso”. Nuevamente Kardec con la claridad de pensamiento y de espíritu que lo caracterizó, pudo entrever la dificultad que tendría para lograr el éxito de la misión, sin caer en discusiones sectarias que no llevarían a nada. En este caso como era su costumbre utilizó el método de presentar las ideas poco a poco dando tiempo a que madurasen y fueses aceptadas. Así que conociendo lo sensitivo del caso, la pregunta era entonces, ¿Por dónde comenzar con tamaña encomienda?. Y sabiamente escogió la parte de las enseñanzas del Cristo que “no ha sido jamás motivo de disputas religiosas”.

En la introducción del libro comienza diciéndonos: “Las materias que los Evangelios contienen pueden dividirse en cinco partes: Los actos ordinarios de la vida del Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la Iglesia, y la enseñanza moral, si las cuatro primeras han sido objeto de controversias, la última ha subsistido inatacable. Ante este código objeto de controversias, la última ha subsistido inatacable. Ante este código divino, la misma incredulidad se inclina; es el terreno donde pueden encontrarse todos los cultos, y el estandarte bajo la cual todos pueden abrigarse, cualesquiera que sean sus creencias, porque nunca ha sido objeto de disputas religiosas, suscitadas siempre y entre todas partes por las cuestiones de dogma”.

Bajo la clara premisa, de que la enseñanza moral del Cristo es el terreno en que todos los cultos pueden reencontrarse, Kardec publica el Evangelio Según el Espiritismo. Ese portento de libro que constituye un hito en todo cuanto se ha escrito sobre Jesús de Nazareth y que más allá de ser un manual de convivencia humana solidaria, es un faro de luz para el esclarecimiento espiritual de la Humanidad.

Ante la aceptación que tuvo El Evangelio según el Espiritismo, por lo adeptos de la doctrina y po la opinión pública, Kardec entendió que las ideas habían madurado lo suficiente, como para pasar a discutir aquellas materias que contienen los evangelios, que en principio no quiso discutir porque se prestaban para controversias. De esta manera lo encontramos abordando los milagros y las profecías en el libro que lleva por título, precisamente La Génesis, los Milagros y las Profecías publicado en 1868. Kardec nos enseña que no existe tal cosa como una milagro en el sentido que normalmente se le ha dado a la palabra, o sea una derogación o suspensión de las leyes de Dios o leyes naturales en beneficio de alguien. Los llamados milagros son hechos naturales que el Espiritismo explica a través del conocimiento de la mediumnidad y de las leyes que rigen el Mundo Espiritual y su comunicación con el Mundo Corporal. De igual manera, explica las profecías. También afirma que la figura de Jesús de Nazareth, no necesita de estas demostraciones milagrosas o maravillosas para afirmar su grandeza, porque la misma se encuentra en su estatura moral y en la belleza de la doctrina que ejemplariza

 

 

 

 

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