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Terremoto en Haití

El terremoto en Haití ha sido un motivo para profundas reflexiones en cuanto a las causas que originaron ésta expiación colectiva donde han sido sometidos a las Leyes Causales miles de personas.

Así mismo sucedió con el Tsunami de Indonesia donde sucumbieron más de 200.000 personas y las catástrofes ocurridas en la recién pasada década, de carácter natural y otras provocadas por el egoísmo humano, representado en la guerras.

La Tierra es un mundo de expiación y de pruebas, donde habitan principalmente Espíritus aún muy atrasados moralmente, con múltiples compromisos ante las Leyes Divinas, que requieren del esmeril del sufrimiento para pulir las aristas morales que aún permanecen en su comportamiento, los defectos y actitudes aún primitivas requieren del proceso reencarnatorio y las experiencias dolorosas.

Ningún Espíritu que haya desencarnado como consecuencia de éstas catástrofes, lo ha hecho sin justa causa, de lo contrario se negaría la infinita Bondad y Justicia de Dios. Es importante recordar que éstas experiencias se denominan Expiaciones Colectivas y consisten en la agrupación de decenas, cientos o miles de seres con la necesidad de vivir una experiencia común que favorezca su evolución espiritual, dejando saldadas las deudas contraídas con las Leyes de Dios como consecuencia de desajustes morales anteriores, en su mayoría, en existencias pretéritas.

Sinembargo, al ser un efecto de impacto global, genera consecuencias en la humanidad entera, de tal manera que la Divina Providencia busca incentivar la eclosión, de sentimientos de solidaridad, que conducen invariablemente a la Fraternidad y así se implanta cada vez el Amor en todos los corazones, fortaleciendo la hermandad entre los seres.

Corresponde a quienes sobreviven a éstas experiencias, despertar sus sentimientos de solidaridad y convertirlos en actos concretos de asistencia fraternal, sin importar la distancia, creencia religiosa, status social, ya que éstas son sólo convenciones, propias de la naturaleza humana, pero por encima de ellas, se encuentra la realidad espiritual del ser, todos creados por Dios, iguales, todos hermanos, hijos del mismo Padre.

Trabajemos incesantemente por nuestro perfeccionamiento moral, cómo el deber más importante durante nuestro tránsito por la Tierra. Ignoramos cuando será el día en que nuestro cuerpo repose en el descanso después de la lucha y nosotros remontemos desde el mundo material hacia la patria espiritual, pero cuando llegue ese día, que nuestra conciencia se encuentre en sintonía con la Paz íntima por el deber cumplido.

Dios bendiga a todos nuestros hermanos que han partido en el Terremoto de Haití y los buenos espíritus les brinden la atención necesaria procurando su recuperación y pronto despertar en la patria espiritual.

Andrés Abreo Cubillos
Asociación Espírita Tercera Revelación

 

CALAMIDADES DESTRUCTORAS

El Libro de los Espíritus, al respecto de ésta tema, nos aclara:

737. ¿Con qué objeto castiga Dios a la humanidad con calamidades destructoras?

«Para hacerla adelantar con más rapidez. ¿No hemos dicho que la destrucción es necesaria para la regeneración moral de los espíritus, que adquieren en cada nueva existencia un nuevo grado de perfección? Es preciso ver el fin para apreciar los resultados. Vosotros no los juzgáis más que desde vuestro punto de vista personal, y los llamáis calamidades a consecuencia del perjuicio que os ocasionan; pero estos trastornos son necesarios a veces para hacer que se establezca más prontamente un orden de cosas mejor, y en algunos años lo que hubiese exigido muchos siglos».


738. ¿No podría emplear Dios otros medios que las calamidades destructoras para el mejoramiento de la humanidad?

«Sí, y los emplea cada día, puesto que ha dado a cada uno los medios de progresar con el conocimiento del bien y del mal. El hombre es quien no los aprovecha, y es preciso castigarle en su orgullo y hacerle comprender su debilidad».

-Pero en esas calamidades sucumbe lo mismo el hombre de bien que el perverso, ¿es esto justo?

«Durante la vida, el hombre lo refiere todo al cuerpo; pero después de la muerte, piensa de distinto modo, y según hemos dicho, la vida del cuerpo es poca cosa. Un siglo de vuestro mundo es un relámpago en la eternidad, y los sufrimientos que llamáis de algunos meses o de algunos días no son nada, son para vosotros una enseñanza que os aprovecha en el porvenir. Los espíritus, he aquí el mundo real, preexistente y sobreviviente a todo.

Ellos son los hijos de Dios y objeto de toda su predilección; los cuerpos no son más que los disfraces con que aquéllos aparecen en el mundo. En las grandes calamidades que diezman a los hombres, resulta lo que un ejército que, durante la guerra, ve sus vestidos gastados, rotos o perdidos. El general cuida más de sus soldados que de sus vestidos».

-Pero las víctimas de esas calamidades, ¿no dejan de ser víctimas?

«Si se considera la vida tal como es, y cuán poca cosa es con relación al infinito, se le daría menos importancia. Esas víctimas hallarán en otras existencias la completa compensación de sus sufrimientos, si saben soportarlos sin murmurar». Que muramos a consecuencia de una calamidad, o de una causa ordinaria, no deja de sernos indispensable morir, cuando nos toca la hora de marchar; sólo hay la diferencia de que marcha a la vez mayor número. Si pudiéramos elevarnos con el pensamiento, de modo que dominásemos la humanidad y la abrazásemos en su conjunto, esas terribles calamidades no nos parecerían más que huracanes pasajeros en el destino del mundo.


739. ¿Las calamidades destructoras tienen una utilidad físicamente consideradas a pesar de los males que ocasionan?

«Si; pues a veces cambian el estado de una comarca; pero el bien que de ellas resulta no es apreciado con frecuencia más que por las generaciones futuras».

740. ¿No serán igualmente las calamidades pruebas morales para el hombre, que le ponen en lucha con las más duras necesidades?

«Las calamidades son pruebas que proporcionan al hombre ocasión de ejercer su inteligencia, de probar su paciencia y resignación a la voluntad de Dios, y le ponen en condición de desplegar sus sentimientos de abnegación, de desinterés y de amor al prójimo, si no está dominado por el egoísmo».

741. ¿Es dado al hombre conjurar las calamidades que le afligen?

«Por una parte, sí; pero no como generalmente se entiende. Muchas calamidades son consecuencia de su imprevisión, y a medida que adquieren conocimientos y experiencias, puede conjurarlas, es decir, prevenirlas, si sabe buscar sus causas. Pero entre los males que afligen a la humanidad, los hay generales que pertenecen a los secretos de la Providencia, y cuyas consecuencias afectan más o menos a todos los individuos. A éstos el hombre no puede oponer más que resignación a la voluntad de Dios, pero aun estos mismos males son agravados por la incuria humana».

Entre las calamidades destructoras, naturales e independientes del hombre, deben colocarse, en primer término, la peste, la carestía, las inundaciones, las intemperies fatales a los productos de la tierra. Pero en la ciencia, en los trabajos, del arte, en el perfeccionamiento de la agricultura, en las amelgas y regadios y en el estudio de las condiciones higiénicas, ¿no ha encontrado el hombre medios de neutralizar, o por lo menos, de atenuar muchos desastres? Ciertas comarcas en otros tiempos asoladas por terribles calamidades, ¿no están hoy libres de ellas? ¿Qué no conseguirá, pues, el hombre para su bienestar, cuando sepa aprovechar todos los recursos de su inteligencia, y cuando a los cuidados de su conservación personal sepa unir el sentimiento de una verdadera caridad para con sus semejantes?


COMENTARIOS

No deja de conmovernos estos desastres que le ocurren a los espiritus hermanos, pero ya con el poco conocimiento que tenemos y dentro de nuestra vaga ignorancia sabemos que debia pasar asi y mas en este momento en que la tierra esta dando un giro inesperado.

Pido a nuestro amado maestro Jesús de Nazareth que le de mucha fuerza y mucho consuelo a todos estos espiritus en sufrimiento, a los buenos espiritus guias y protectores de todos estos espiritus que perdieron todo, para que puedan volver a reconstruir una vida mucho mejor y que entiendan que estas pruebas que tenemos en nuestro camino son una oportunidad para que seamos mejores, para que purguemos todas esas faltas que hemos cometido contra nuestros hermanos y para que nos demos cuenta que Dios es muy grande y nos da muchas oportunidades para que corrijamos todo el mal que hemos hecho.

 

 

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