Estudio Espírita

 


Simplemente Espíritas
Espiritismo

El motivo de haberme decidido a escribir este trabajo ha sido debido a que no hace mucho tiempo hemos tenido noticias en nuestra Asociación Espírita de Valencia de la existencia de otras corrientes de opinión respecto a nuestro modo de entender la ideología espírita, las cuales proceden del otro lado del Atlántico y que no son recientes sino que tienen una antigüedad de 50 años.

Al llegar a nuestra asociación con sus propias ideas y planteamientos han sembrado un cierto grado de inquietud, inseguridad y división de criterios, por tener diferencias sustanciales respecto a las nuestras y que hasta ahora considerábamos normales. Este hecho, no solo ha ocurrido en nuestra asociación sino también en la mayoría de las demás del Estado Español; por ello se impone hacer un estudio crítico-constructivo para dilucidar las dudas que de este hecho se derivan y ver la base real de razón de cada cual.

En estas corrientes de opinión foráneas impera el criterio de clasificar las asociaciones espíritas según el tipo de interpretación que éstas hacen de la Doctrina divulgada por Kardec. Esta clasificación la dividen básicamente en dos tendencias: Espiritismo Laico o Espiritismo Religioso.

Nadie puede ni debe impedir que, según su conciencia y ejerciendo su libre albedrío, algún grupo, asociación o federación interprete dichas enseñanzas y las convierta en religión, o que, aún sin manifestarse abiertamente como religión, su actitud sea claramente religiosa. Pero ese respeto por la libertad hacia los criterios de los demás no nos obliga a tener que asumirlos quienes no coincidamos con esos criterios, sino que cada uno, defendiendo los propios, pueda discrepar de los demás.

Obrando así no debería existir un motivo de discordia sobre este tema, excepto si consideramos el interés de controlar áreas de influencia, pero sin embargo esta se produce cuando algunas asociaciones, haciendo un análisis riguroso de lo expuesto en las obras básicas kardecianas y actuando en consecuencia, sin complejos y sin pasar “de puntillas” sobre algunos aspectos que, por existir puntos de coincidencia con postulados o criterios de Iglesias cristianas pudieran ser confundidos con actitudes pseudo religiosas.

Existe el criterio en estas corrientes de opinión referenciadas, de que la única obra que mereció la consideración de “básica” en las publicaciones de Kardec fue El Libro de los Espíritus, ya que contiene todas las esencias de la Doctrina y que las restantes son secundarias. En este punto no podemos estar totalmente de acuerdo, y nuestra consideración sería de complementarias en lugar de secundarias, puesto que la parte moral, al estar enmarcada en la de Jesús de Nazaret, necesitaba de un mayor grado de concreción y por ello se publicó El Evangelio según el Espiritismo donde Kardec nos describió dicha moral detalladamente, tal como le fue relatada por los Espíritus Superiores.

En el capítulo VI, apartados 3 y 4 de El Evangelio según el Espiritismo, Kardec escribe sobre El Consolador Prometido y cita en ellos al Espíritu de Verdad y al Espíritu Santo como sus comunicantes, tal como se pueden encontrar también en el Evangelio de Juan, capítulo 14: 16 al 26, 15:26 y 16:7, 12 y 13. En ellas se anuncia, que estando ya próxima a su realización la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, y a modo de despedida de sus discípulos les anunció la futura venida de un Consolador o Abogado, el cual nos enseñaría todo lo que Él no había dicho porque no le hubieran comprendido y nos llevaría también hacia la Verdad completa.

En el mismo capítulo VI Kardec también se refiere a Jesús en los mismos apartados denominándole como Cristo en numerosas ocasiones, y en el apartado 5 del mismo capítulo habla de Cristianismo y de Jesucristo. Se dice que Kardec escribió utilizando estos términos porque lo hizo en un entorno básicamente cristiano y el ambiente del que estaba rodeado le influyó poderosamente, pero todo no es tan simple como parece. Estas definiciones con las que se asocia a Jesús de Nazaret con Cristo y por correlación, a sus seguidores como cristianos, así como a su Doctrina cristianismo y que tanta polémica ocasiona en el estudio del Espiritismo, obliga a hacer un análisis de su significado real.

Cristo viene del latín “Christus” y este del griego “Cristos” que significa Ungido, y que tiene el significado de gran dignidad. Si analizamos la palabra Mesías, palabra usada por los profetas con mucha frecuencia en la Biblia para referirse a Aquel que sería enviado por el Dios de los hebreos como salvador espiritual y material de Israel, comprobamos que es derivada del latín “messïas” y esta, a su vez de la hebrea “Masïh” que también tiene el significado de “ungido”.

Por lo tanto, cuando nos referimos a Jesús de Nazaret con la palabra Cristo, Ungido o Mesías nos estamos refiriendo a la misma persona, y todas estas definiciones tienen el significado de personaje provisto de gran dignidad.

Si estudiamos la trayectoria del pueblo hebreo veremos que durante una gran parte de su historia menos lejana se encontraba frecuentemente rodeado de enemigos, en continuas guerras que cuando eran derrotados, en multitud de ocasiones les llevaba a la esclavitud, o eran sojuzgados al ser ocupado su suelo patrio, como estaba ocurriendo cuando nació Jesús que Judea y Samaria estaban ocupadas por los romanos, a los que estaban obligados a pagar tributos.

Esto producía un clamor del pueblo hacia su Dios, que en la Biblia católica se le nombra como Yahvé y en las protestantes como Jehová, pidiéndole les enviara al Salvador ungido que tan repetidamente se les había anunciado, y el que, como se ha dicho anteriormente, era denominado por ellos en su lengua como Mesías.

Estas profecías dirigidas al pueblo, eran interpretadas por el mismo asociándole a un rey poderoso, lleno de gran dignidad en lo material, el cual les libertaría de su esclavitud derrotando a sus enemigos y devolviéndoles a su anterior grandeza y esplendor.

También anunciaban los profetas que nacería en Belén y se le pondría por nombre “Yehosuá”, que en latín se denomina “Iesus”, que en nuestra lengua española se conoce por Jesús y que significa Salvador. Así, al extenderse su doctrina moral por el área de dominación romana que imperaba en aquel entonces por los pueblos del Mediterráneo, se pasó a denominársele como Jesús-Cristo que significaba El Salvador Ungido.

Como se puede comprobar, la denominación de Mesías es tremendamente antigua y cuando nació Jesús el nazareno, creció y comenzó su vida pública de predicación por las tierras que antaño se llamaban Judea y Samaria y que hoy se conoce como Israel, impartiendo la Doctrina de Amor del que era portador.

Al morir, sus seguidores esparcieron sus enseñanzas, primeramente por Grecia y Roma, por lo que se comprende fácilmente que al referirse al Señor, que era también otra forma de referirse a Él, se le nominase indistintamente como el Mesías si eran judíos, como el Ungido si eran griegos o como el Cristo si eran romanos, que como es sabido el latín era la lengua de Roma. Por todo lo expuesto anteriormente se comprende con gran facilidad el hecho de que una asociación espírita, que tenga conocimiento de lo aquí expuesto, se considere, con razón, cristiana, aceptando todo el contenido moral del Espiritismo expuesto en las obras publicadas por Kardec y referido a Jesús.

De todos es sabido las guerras tan sangrientas que hubo en el pasado y que aún hoy existen entre el mundo cristiano y el musulmán, con los excesos que por ambas partes se han cometido y por este motivo se abrió un abismo entre ambas religiones. Por ello se hace difícil hablarle de espiritismo con orígenes cristianos a alguien que profese esas creencias, pero el hecho de negar la cristiandad de los orígenes del Espiritismo es falsear la verdad. Pero esto plantea un problema muy importante cuando se pretende la propagación universal de la Doctrina, que es donde radica uno de los puntos principales del deseo de actualizar los postulados espíritas, ocultando dichos orígenes.

Personalmente creo que en el Plano espiritual tienen recursos suficientes para facilitar la expansión de la Doctrina espirita de la forma más adecuada para cada pueblo, modificando paulatinamente sus creencias, con el nombre que fuera, pero con una base moral coincidente con la de Jesús de Nazaret.

En la religión islámica, al tener parte de sus orígenes en el cristianismo se cree en las figuras de Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesús como profetas menores y especialmente con Mahoma como “su profeta”. También tienen otras creencias coincidentes con el cristianismo, pero que no son las aceptadas por el espiritismo, por lo que no las mencionaremos aquí.

Si el planteamiento con pretensiones universalistas de estas corrientes de opinión renovadoras se hace desde la base de la figura de Jesús de Nazaret no citando la calificación de Cristo, cristiano o cristianismo para hablarle a un musulmán pudiera ser aceptable para sus fines como mera táctica apologista, pero sin renegar de sus orígenes dentro del mundo cristiano y mucho menos descalificando a quienes así lo creen.

En lo que respecta al resto de las religiones con las que no ha habido enfrentamientos violentos en el pasado, el problema será mucho menor y la posibilidad de expansión aumentará. De todas formas, aunque importantes, las creencias son secundarias y lo que importa en el fondo es la práctica de la moral que Jesús nos enseñó y practicó cuando vino a la tierra.

Deseamos que una vez expuestos estos puntos de vista de forma objetiva, no se produzcan falsas interpretaciones o se asocien con criterios de religiosidad. Para evitar al máximo esta posibilidad aclararemos que aceptamos la declaración que hace de sí mismo y que en ningún momento dice Jesús que Él es Dios, sino que es un “enviado” del Padre, y que Éste es mayor que Él, lo que repite en estos y otros términos similares con cierta frecuencia a lo largo de los relatos evangélicos cristianos. Esto nos lleva a reconocer con rotundidad su gran elevación moral dentro de la jerarquía celestial, que la hay, pero no aceptando su deidad, lo que nos aleja fundamentalmente de las creencias de las Iglesias cristianas.

Los que nos conocen saben que tampoco tenemos dogmas ni los aceptamos, ni siquiera jerarquías, pues nos regimos por cargos administrativos donde nos agrupamos, sean centros o asociaciones, ni santería ni liturgias, pues cuando se actúa con rigor al aplicar las indicaciones de Kardec todas estas cosas no existen.

Hay además otro punto de disconformidad desde nuestros puntos de vista con los postulados que argumentan en la actualidad estos antes referenciados movimientos internacionales renovadores del espiritismo, y es la consideración que tenemos hecha de que el Espiritismo es la “Tercera Revelación”. Esta consideración que se le hace al Espiritismo con bastante frecuencia en ponencias de congresos y conferencias en general, no es fruto de la imaginación de nadie ni un producto añadido sin base doctrinaria, sino que está claramente expuesto en el capítulo I de El Evangelio según el Espiritismo donde se considera que la primera revelación la realizó Moisés al legislar toda la ley por inspiración divina, y por la que aún hoy en día se rige el pueblo de Israel, conocida como la ley mosaica. La segunda revelación fue hecha por Jesús de Nazaret, el cual, sin rechazar lo dicho anteriormente por Moisés elevó dicha ley a niveles sublimes, no solo con la letra sino también con el ejemplo, siendo Él el primer cumplidor.

Sobre la tercera revelación tomamos conciencia de que se produce cuando podemos realizar una mirada por todo el recorrido desde el comienzo de las manifestaciones masivas de espíritus que se produjeron en el siglo XIX hasta nuestros días, y entonces comprendemos con claridad que las palabras de Jesús anunciando la venida del Consolador o Abogado se referían al contenido de lo que hoy llamamos Doctrina Espírita, y que al tardar casi dos milenios en producirse este acontecimiento era debido a la necesidad de que se realizasen en la humanidad muchas reencarnaciones para mejor poder comprender todos los conocimientos que estaban aún sin revelar y los que en el futuro nos serán revelados sin duda alguna.

La referencia a que el Espiritismo representa la tercera revelación la encontramos también en el capítulo I, puntos 5, 6 y 7 del libro antes referido, donde se expone el tema con mayor detalle.

Todas estas matizaciones realizadas en este trabajo se hacen para que se conozcan con claridad los argumentos en que se basa nuestra postura, en contraste con algunos planteamientos innovadores que nos llegan recientemente, pero esta discrepancia no debe interpretarse como un motivo de enfrentamiento con los que opinan de forma distinta, puesto que todos somos espíritas a fin de cuentas. Es más bien un motivo de dialogar y contrastar opiniones, pero conociendo antes muy bien la base de nuestros propios razonamientos. A partir de ahí, que cada uno saque sus propias conclusiones porque el espiritismo es una filosofía para libre pensadores. Para los que practicamos esta filosofía sabemos que la Doctrina Espírita de Kardec fue bastante clara al respecto sobre la línea que se debía seguir, no solo en los tiempos en que fue descrita, sino para los futuros también, exhortando a los adeptos del momento a adaptarse a los descubrimientos que pudiera realizar posteriormente la ciencia para no caer en el dogmatismo, pero que sepamos, hasta el momento presente, la ciencia no ha desmentido nada de lo afirmado anteriormente. Solo ha corroborado muchos de los postulados que fueron emitidos con anterioridad por los Espíritus Superiores a Kardec, sin que haya dejado en evidencia nada del resto o lo contradiga. Otra cosa es que hasta la fecha aún no haya encontrado la explicación plausible o se pueda demostrar científicamente el resto de lo manifestado por los Espíritus y expuesto en los escritos de Kardec.

Por si la utilización de la palabra “Evangelio” pudiera producir algún rechazo o recelo a quien lo relacione con religión, diremos que viene del latín
“evangelïum” y significa  “buena nueva” o “buena noticia” y se refiere básicamente al relato de la vida e historia de Jesús de Nazaret. Para terminar haremos un comentario sobre el término “Religión”, el cual se entiende como un conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, preceptos y creencias. Como los verdaderos practicantes del espiritismo kardeciano no nos identificamos con muchos de estos postulados, no nos sentimos religiosos, y no creemos que nadie debería, razonablemente, tenernos tampoco en esa consideración.

Extendiéndonos un poco más diremos que el término “Laico” se refiere a la escuela o enseñanza en la que se prescinde de la instrucción religiosa, así como a la organización que no tiene órdenes clericales. Bajo esta definición el espiritismo es laico por naturaleza, pero Kardec no necesitó hacer esta aclaración porque se sobreentendía al decir que el espiritismo nunca debería convertirse en religión, y por ello, los que creemos en sus escritos, nos consideramos simplemente espíritas.

Muchas gracias por vuestra atención.

José Lanzuela (Valencia)

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Las opiniones del autor, deben ser consideradas desde una óptica de pureza doctrinaria, respetando las recomendaciones hechas por Kardec, quien previó las posibles alteraciones que el pensamiento humano podría imprimirle a la Doctrina.

Los Espíritas tenemos nuestro sustento en la moral enseñada por Jesús y somos conscientes de nuestra ruta que nos dirige hacia la Divinidad. Sabemos que requerimos la práctica de la Caridad tal como la enseñan los espíritus y que ésto nos "religa" con el Creador, lo cual es el significado escencial de la palabra "religión".

El Espiritismo no es una religión como tradicionalmente se entiende el término en las convenciones humanas, ya que carece de dogmas, rituales, jerarquías, etc., pero sí nos conduce hacia la espiritualización por medio del Amor.

Presevemos el equilibrio en los postulados espíritas. Ante la duda, consultemos la Codificación, con detenimiento y alejados de cualquier personalismo o presunción de ser poseedores de verdades absolutas, ya que todos somos aprendices.

Andrés Abreo Cubillos
Asociación Espírita Tercera Revelación




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