Estudio Espírita

 


Qué Vas a Hacer en éste Nuevo Año?

Las fiestas de fin de año representan para la gran mayoría de personas en el mundo una época para comprar, viajar, variar el menú de la cena, reencontrarse con la familia, bailar y en muchos casos, abrir las puertas al consumo de bebidas embriagantes y diversos abusos hacia el cuerpo físico.

También se encuentran aquellos que abren sus recuerdos añorando a los que ya no están físicamente presentes, reencontrándose con cargos de conciencia y añoranzas de momentos que ya no volverán.

Navidad en pocos casos representa el reencuentro con Jesús y sus enseñanzas, la oportunidad de abrazar a los que amamos y esperar como obsequio la compañia de los familiares y amigos, lejos de las distracciones del consumismo y el materialismo.

Sumamos a éstas festividades, la finalización de un año y el advenimiento de un nuevo ciclo de experiencias y oportunidades en los diversos campos de la vida.

El año nuevo se recibe con las aspiraciones y proyecciones que emergen del íntimo del pensamiento de las personas, gestando propósitos de crecimiento económico y social, así como de todo aquello que está relacionado con los elementos de carácter material. Propósitos a los cuales se unen promesas de cambio de comportamiento y renuncia a diversos vicios, así como el acercamiento a aquellos con quienes se ha creado distanciamiento. Un balance que hace la conciencia, dándo la oportunidad de empezar una nueva jornada que ofrezca mejores condiciones de vida.

El Espiritismo, desde su perspectiva enteramente espiritual, nos recuerda que somos Espíritus encarnados en éste mundo, con propósitos específicos de vida y que tenemos un tiempo limitado para llevar a cabo las tareas y actividades, requeridas para nuestra evolución y la consecuente adquisición paulatina de la Felicidad.

Durante el diario vivir, nos concentramos en el desarrollo de las actividades cotidianas, sean ellas en el trabajo, el hogar, el estudio, etc,. La lucha diaria por la adquisición del salario, el cumplimiento de metas comerciales, la conquista de títulos y estudios, los deberes domésticos que garanticen la alimentación diaria, el aseo de la vivienda, en fin, todo aquello que consume nuestras fuerzas diariamente y que hace parte de la Ley del Trabajo a la cual aún estamos sujetos en las condiciones actuales, Ley necesaria para nuestra maduración en el campo de la responsabilidad y el desarrollo de las actitudes que nos permiten la convivencia social y el ejercicio de la Fraternidad como semilla del verdadero Amor.

Pero el Espiritismo, en su función de revelador de las verdades espirituales a las cuales nos encontramos sujetos consciente o inconscientemente, nos invita a subir un escalón más en nuestra vida cotidiana, mediante la adquisición de rutinas, pensamientos y aspiraciones que no son tenidas en cuenta por la mayoría de la humanidad. Al no ser tenidas en cuenta, estamos renunciando a la oportunidad de vivir con mayor plenitud, lejos de la esclavitud materialista, a la cual están sujetas millones de criaturas en el mundo, en su afán de adquirir más, para satisfacer las apariencias sociales, mostrando una falsa felicidad, aniquilando la verdadera felicidad que no está sustentada en los bienes materiales.

Al recibir cada nuevo día, debemos dar gracias a Dios.
Tan importante como el primer alimento del día para nuestro cuerpo, es la conexión mediante la plegaria sencilla y de corazón, dirigida al Creador, nuestro Padre Amoroso, solicitando humildemente su protección e inspiración, para que el nuevo día sea realmente productivo en función de nuestra vida cotidiana y también, aún más importante, para nuestro avance espiritual.

Al reencontrarnos cada día con nuestra familia debemos abrazarlos y demostrarles siempre nuestro Amor.
Las personas que conformamos nuestro núcleo familiar, somos aquellos que hemos sido reunidos por los lazos de afinidad de compromisos y/o sentimientos, y con quienes tenemos el deber de desarrollar la Fraternidad. El cariño, la tolerancia, la sonrisa, el abrazo, el diálogo, el apoyo, la solidaridad, la comprensión, los besos, todos éstos elementos son necesarios para cumplir con el objetivo al cual ha sido convocada la familia: la implantación del Amor entre todos los componentes de la misma.
No debemos desperdiciar el tiempo en disputas innecesarias, basadas en el orgullo. Para discutir se necesitan por lo menos dos personas, no seamos la segunda. Frenemos el avance de la pelea cuando ella se asome por los corazones de nuestro hogar.

Cuando vamos al lugar de trabajo debemos agradecer por ser la fuente de nuestro sustento y ejercer nuestras labores con honestidad y fidelidad.
El trabajo es la mejor manera de desarrollar nuestra habilidades intelectuales, y comprender el valor del esfuerzo para la adquisición de nuestras metas, que en principio, prevalecen en la forma de bienestar material. La responsabilidad, los objetivos, la inteligencia, el reconocimiento desde la propia conciencia son necesarios para nuestra evolución espiritual.

Al enfrentar dificultades de cualquier orden, debemos pedir con verdadero convencimiento el amparo de Dios, entregándonos a Su Voluntad, convencidos que siempre quiere lo mejor para nosotros aunque en el momento no lo comprendamos... esa es la verdadera Fe.
Nuestro paso por la Tierra nos somente constantemente a diversas pruebas representadas en problemáticas de diversas magnitudes que se presentan en nuestro camino. Estas pruebas tienen por objetivo, impulsarnos a la adquisición de valores y comportamientos que debemos usar frente a esos conflictos y que se deben convertir en parte de la personalidad, tales como la paciencia, el respeto, la honestidad, el buen juicio, sinceridad, prudencia, solidaridad, humildad y tantas otras. Ellas son el medidor de nuestra evolución espiritual y es sólamente en los momentos difíciles donde podemos demostranos hasta que punto las hemos adquirido y de qué manera vamos a conquistar aquellas que aún nos faltan.
En éste proceso, debemos estar siempre sustentados en Dios, como fuente de fortaleza y sabiduría (el equilibrio entre las emociones y la razón), quien enviará a sus Emisarios bondadosos que siempre estarán atentos a sostenernos y orientarnos por medio de la intuición y el pensamiento en el camino de la conquista de la Felicidad.

Los propósitos del nuevo año no deben estar encaminados hacia las conquistas materiales como único objetivo y mucho menos creer que por medio de la abundancia, reconocimientos y lujos materiales se va a tener garantizada la prosperidad. El nuevo año, 2010, que se encuentra dentro del periodo de la renovación espiritual de la humanidad, debe representar para nosotros, propósitos de ABUNDANCIA ESPIRITUAL, renuncia a nuestros defectos (Orgullo, vanidad, rencor, mal genio, egoísmo, maledicencia, pereza, engaños, etc.,) y vicios morales, trabajo incesante por nuestro perfeccionamiento... la vida en éste mundo es limitada y frágil, no sería justo contigo que llegara repentinamente el fin de tu existencia física y al recopilar las acciones no encuentres los momentos donde debiste haber sembrado para tu felicidad eterna, ya que ni el vehículo, ni la casa lujosa, ni las cuentan bancarias, ni los vestidos costosos se irán contigo después de la muerte... solamente llevarás en tu equipaje espiritual tus obras, tu personalidad, tus conocimientos y los sentimientos de gratitud y verdadera amistad (o enemistades) que cultivaste en tu paso por la Tierra.

Qué vas a hacer en éste nuevo año?
Ser Feliz

Cómo puedes ser feliz?
Conociéndote a tí mismo

Cómo puedes lograr ésto?
El Libro de los Espíritus nos habla al respecto:

Dios te Bendiga!

 

Andrés Abreo Cubillos
Asociación Espírita Tercera Revelación

____________________________________________________________________________

Pregunta 919 Libro de los Espíritus.

¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorarse en esta vida y resistir a la solicitación del mal?
«Un sabio de la antigüedad os lo dijo: Conócete a ti mismo».

-Comprendemos toda la sabiduría de esta máxima; pero la dificultad consiste en conocerse a sí mismo. ¿Qué medio hay para conseguirlo?

«Haced lo que durante mi vida terrena: al terminar el día interrogaba a mi conciencia, pasaba revista a lo que había hecho y me preguntaba si no había infringido algún deber, si nadie había tenido que quejarse de mi. Así fue como llegué a conocerme y a ver lo que en mí debía reformarse.

Aquel que cada noche, recordase todas sus acciones de durante el día y se preguntase el mal o el bien que ha hecho, suplicando a Dios y a su ángel guardián que le iluminasen, adquiriría una gran fuerza para perfeccionarse, porque, creedlo, Dios le asistiría. Proponeos, pues, cuestiones, y preguntaos lo que habéis hecho, y el objeto con qué, en circunstancia tal, habéis obrado; si habéis hecho algo que en otro hubieseis censurado; si habéis ejecutado alguna acción que no os atreveríais a confesar. Preguntaos también lo siguiente: Si a Dios le pluguiese llamarme en este momento, ¿tendría, al entrar en el mundo de los espíritus donde nada hay oculto, que temer la presencia de alguien? Examinad lo que hayáis podido hacer contra Dios, contra vuestro prójimo y contra vosotros mismos, en fin. Las contestaciones serán reposo para vuestra conciencia, o indicación de un mal que es preciso curar.

»El conocimiento de sí mismo es, pues, la clave del mejoramiento individual, pero diréis ¿cómo juzgarse uno a si mismo? ¿No tenemos la ilusión del amor propio que amengua las faltas y las excusa? El avaro se cree económico y previsor, el orgulloso no cree tener más que dignidad. Esto es muy cierto, pero tenéis un medio de comprobación que no puede engañaros. Cuando estéis indecisos acerca del valor de una de vuestras acciones, preguntaos cómo la calificaríais, si fuese de otra persona. Si la censuráis en otro, no podrá ser más legítima en vosotros, pues no tiene Dios dos medidas para la justicia. Procurad también saber lo que piensan los otros, y no olvidéis la opinión de vuestros enemigos; porque éstos no tienen interés en falsear la verdad, y a menudo Dios los pone a vuestro lado como un espejo, para advertiros con mayor franqueza que un amigo. Aquel, pues, que tenga la voluntad decidida de mejorarse, explore su conciencia a fin de arrancar de ella las malas inclinaciones, como de un jardín las plantas nocivas; pase balance moral del día transcurrido, como lo pasa el comerciante de sus ganancias y pérdidas, y yo le aseguro que el uno le será más provechoso que el otro. Si puede decirse que ha sido buena su jornada, puede dormir tranquilo y esperar sin temor el despertar a otra vida.

»Haceos, pues, preguntas claras y terminantes y no temáis el multiplicarlas, que bien puede emplearse algunos minutos para lograr una dicha eterna. ¿Acaso no trabajáis diariamente con la mira de recoger medios que os permitan descansar en la ancianidad? ¿No es semejante descanso objeto de todos vuestros deseos, objeto que os hace sufrir trabajos y privaciones momentáneas? Pues bien, ¿qué es ese
descanso de algunos días, interrumpido por las flaquezas del cuerpo, en comparación del que espera al hombre de bien? ¿No vale esto la pena de hacer algunos esfuerzos? Ya sé que muchos dicen que el presente es positivo, e incierto el porvenir, mas precisamente esta es la idea que estamos encargados de desvanecer en vosotros, porque queremos haceros comprender aquel porvenir de tal modo, que no deje duda alguna en vuestra alma. Por esto, al principio, llamamos vuestra atención con fenómenos aptos para excitar vuestros sentidos, y luego os damos instrucciones que cada uno de vosotros está obligado a propagar. Con este objeto hemos dictado El libro de los Espíritus.

SAN AGUSTÍN

Muchas faltas que cometemos nos pasan desapercibidas. En efecto, si siguiendo el consejo de San Agustín, interrogásemos con más frecuencia nuestra conciencia, veríamos cuántas veces hemos faltado sin pensarlo por no examinar la naturaleza y móvil de nuestras acciones. La forma interrogativa es algo más precisa que una máxima que a menudo no nos aplicamos. Exige réspuestas categóricas, afirmativas o negativas que no consienten alternativa; son otros tantos argumentos personales, y por la suma de las respuestas puede computarse la suma del bien y del mal que en nosotros existe.

 


COMENTARIOS

 

Título Artículo
Nombre y Apellido
Centro Espírita
E-Mail
País
Ciudad

Escriba sus comentarios aquí:


 

 

Asociación Espírita Tercera Revelación Calle 49 A No 16 - 09. Bogotá D.C. Colombia Correo Contacto