En general, el egoísmo, del griego "ego" [yo] e "ismo" [doctrina o práctica], se define como aquella conducta consistente en poner los intereses propios en primer lugar, lo contrario al altruísmo.
Definición extraída de Wikipedia
El Evangelio Según el Espiritismo no ilustra acerca del egoísmo:
11. El egoísmo, esa plaga de la humanidad, debe desaparecer de la tierra cuyo
progreso moral detiene; al Espiritismo le está reservada la tarea de hacerla subir en la
jerarquía de los mundos. El egoísmo es, pues, el objeto hacia el cual todos los
verdaderos creyentes deben dirigir sus armas, sus fuerzas, su valor; digo su valor,
porque éste es más necesario para vencerse a sí mismo que para vencer a los otros. Que
cada uno ponga todo su cuidado en combatir su egoísmo, porque este monstruo
devorador de todas las inteligencias, ese hijo del orgullo, es el origen de todas las
miserias de la tierra. El es la negación de la caridad, y por consiguiente, el más grande
obstáculo para la felicidad de los hombres.
Jesús os ha dado el ejemplo de la caridad y Poncio Pilatos el del egoísmo,
porque cuando el Justo va a recorrer las santas estaciones de su martirio, Pilatos se lava
las manos diciendo: ¡Qué me importa! Dijo a los judíos: Este hombre es justo, ¿por qué
queréis crucificicarle? Y sin embargo, lo deja conducir al suplicio.
A ese antagonismo de la caridad y del egoísmo, a la invasión de esa lepra del
corazón humano, debe el cristiano el que no haya cumplido toda su misión. A vosotros,
nuevos apóstoles de la fe a quienes los espíritus superiores iluminan, incumbe la tarea y
el deber de extirpar ese mal para dar al cristianismo toda su fuerza y limpiar el camino
de los abrojos que impiden su marcha. Echad fuera de la tierra el egoísmo para que
pueda ascender en la escala de los mundos, porque ya es tiempo de que la humanidad
vista la toga viril; y para esto
es menester primero arrojar a aquél de vuestro corazón.
(Emanuel. París, 1861).
12. Si los hombres se amasen con un mutuo amor, la caridad se practicaría
mejor; pero para esto sería preciso que os esforzáseis en desembarazaros de esa coraza
que cubre vuestros corazones, a fin de ser más sensibles para los que sufren. El rigor
mata los buenos sentimientos. Cristo no se negaba a nadie; el que a El se dirigía,
cualquiera que fuese, no era rechazado: la mujer adúltera y el criminal eran socorridos
por El; no temía nunca rebajar su propia consideración. ¿Cuándo, pues, lo tomaréis por
modelo de todas vuestras acclones? "Sí la caridad reinase sobre la tierra, el malo no
tendría imperio; huiría avergonzado, se ocultaría, porque por doquiera se encontraría el
mal; estad bien penetrados de esto.
Empezad por dar el ejemplo vosotros mismos, sed caritativos para todos
indistintamente, esforzáos en no tildar a los que os miran con desdén y dejad a Dios el
cuidado de toda justicia, porque todos los días en su reino separa el buen grano de la
cizaña.
El egoísmo es la negación de la caridad, y sin la caridad no puede haber sosiego
en la sociedad; digo más, ninguna seguridad. Con el egoísmo y el orgullo que se dan la
mano, el mundo sería siempre un juego favorable al más astuto, una lucha de intereses
en la que son pisoteados los más santos afectos, en que ni aun son respetados los lazos
sagrados de la familia.
(Pascal. Sens, 1862).
El Evangelio según el Espiritismo. Capítulo XI "Amar al prójimo como a sí mismo"
El Libro de los Espíritus también nos indica:
913. Entre los vicios, ¿cuál puede considerarse como radical?
«Muchas veces lo hemos dicho, el egoísmo; de él arrancan todos los males. Estudiad
todos los vicios, y encontraréis que en el fondo de todos ellos reside el egoísmo. En vano los
combatiréis, y no conseguiréis extirparlos hasta que no hayáis atacado el mal en su raíz, hasta
que no hayáis destruido la causa. Dirigid, pues, todos vuestros esfuerzos hacia este objeto, porque él es el
verdadero cáncer de la sociedad. Cualquiera que desee aproximarse desde esta vida a la
perfección moral, debe arrancar de su corazón todo sentimiento de egoísmo; porque éste es
incompatible con la justicia, con el amor y con la caridad; neutraliza todas las otras
cualidades».
914. Fundándose el egoísmo en el sentimiento de interés personal, parece muy difícil
extirparlo completamente en el corazón humano, ¿llegará a conseguirse?
«A medida que los hombres se ilustran sobre las cosas espirituales, dan menos
importancia a las materiales. Además es preciso reformar las instituciones que excitan y
mantienen el egoísmo. Esto depende de la educación».
915. Siendo el egoísmo inherente a la especie humana, ¿no será siempre un obstáculo
para el reino del bien absoluto en la tierra?
«Cierto que el egoísmo es vuestro mal mayor, pero depende de la inferioridad de los
espíritus encarnados en la tierra, y no de la misma humanidad. Luego; purificándose los
espíritus en encarnaciones sucesivas, se desprenden del egoísmo como de sus otras
impurezas. ¿No tenéis en la tierra ningún hombre que, libre de egoismo, practique la caridad?
Hay más de los que vosotros creéis, pero vosotros no los conocéis; porque la virtud no busca
el ruido de la publicidad. Y si hay uno, ¿por qué no ha de haber diez? Si díez, ¿por qué no
mil? Y así sucesivamente».
916. Lejos de disminuir el egoísmo, crece con la civilización que parece excitarlo y
mantenerlo. ¿Cómo pues, la causa destruirá el efecto?
«Mientras más grande es el mal, más horrible se presenta, y preciso era que el egoísmo
originase mucho mal, para que se conociese la necesidad de extirparlo. Cuando los hombres
hayan sacudido el egoísmo que los domina, vivirán como hermanos sin hacerse mal,
ayudándose mutuamente por el mutuo sentimiento de la solidaridad. Entonces el fuerte será
apoyo del débil y no su opresor, y no se verán hombres faltos de lo necesario; porque todos
practicarán la ley de justicia. Este es el reino del bien de cuya preparación están encargados
los espíritus».
917. ¿Qué medio hay para destruir el egoísmo?
«De todas las humanas imperfecciones, la más difícil de desarraigar es el egoísmo,
porque deriva de la influencia de la materia de la cual el hombre, que está muy próximo aún a
su origen, no ha podido emanciparse (liberarse), y todo contribuye a sostener esa influencia; las leyes, la
organización social y la educación. El egoísmo amenguará con el predominio de la vida moral
sobre la material, y sobre todo con la inteligencia que os da el espiritismo de vuestro estado
futuro real, y no desnaturalizado por ficciones alegóricas. Bien comprendido el espiritismo, y
una vez identificado con las costumbres y creencias trastornará los hábitos, los usos y las
relaciones sociales. El egoísmo se funda en la importancia de la personalidad, y el espiritismo
bien comprendido, lo repito, hace ver las cosas desde tan alto que el sentimiento de la
personalidad desaparece hasta cierto punto ante la inmensidad. Destruyendo semejante
importancia, o por lo menos haciendo que se la considere tal cual es, el espiritismo combate
necesariamente el egoísmo.
»Lo que a menudo hace egoísta al hombre es el roce del egoísmo de los otros, porque
siente la necesidad de estar a la defensiva. Viendo que los otros piensan en sí mismos y no en
él, se ve arrastrado a pensar en él y no en los otros. Pero sea el principio de caridad y de
fraternidad base de las instituciones sociales, de las relaciones legales de pueblo a pueblo y de
hombre a hombre, y éste cuidará menos de su persona, viendo que otros piensan en ella.
Sentirá la influencia moralizadora del ejemplo y del contacto. En presencia de ese
desbordamiento de egoísmo, necesítase una verdadera virtud para hacer abnegación de su
personalidad en provecho de los otros, que a menudo nada lo agradecen. A los que poseen
semejante virtud es a quienes está abierto el reino de los cielos, y a ellos sobre todo está
reservada la dicha de los elegidos; porque en verdad os digo que el día de la justicia, todo el
que sólo en sí mismo haya pensado será separado y sufrirá por su abandono.
FENELÓN
Indudablemente se hacen laudables esfuerzos para hacer que la humanidad progrese; se alientan, se
estimulan, le honran los buenos sentimientos más que en época alguna, y sin embargo el gusano roedor
del egoísmo es siempre el cáncer social. Es un mal real que brota por todo el mundo, y del que todos somos
más o menos víctimas. Preciso es, pues, combatirlo como se combate una enfermedad epidémica, y para
ello es
necesario proceder como los médicos, remontarnos al origen. Búsquense en todas las partes de la
organización social desde la familia a los pueblos, desde la caballa al palacio, todas las causas, todas las
influencias patentes u ocultas, que excitan, mantienen y desarrollan el egoísmo, y una vez conocidas las
causas, el remedio se presentará por si mismo. No se tratará más que de combatirlas, si no todas a la vez,
parcialmente, a lo menos, y poco a poco se extirpará el veneno. La curación podrá ser larga, porque las
causas son numerosas, pero no es imposible. Por lo demás no se conseguirá, si no se corta la raíz del mal
por medio de la educación, no de esa que propende a hacer hombres instruidos, pero si de la que tiende a
hacer hombres honrados. La educación, cuando se la entiende bien, es la clave del progreso moral, y
cuando se conozca el arte de manejar los caracteres como se conoce el de manejar las inteligencias, se
podrán enderezar como se enderezan los arbustos. Pero ese arte requiere mucho tacto, mucha experiencia
y una observación profunda; es erróneo creer que basta tener ciencia para ejercerlo con provecho.
Cualquiera que, desde el nacimiento, sigue así al hijo del rico, como al del pobre, y observa todas las
perniciosas influencias que operan en él a causa de la debilidad, de la incuria y de la ignorancia de los que
le dirigen, y cuán a menudo son improductivos los medios que para moralizarle se emplean, no puede
admirarse de hallar tantos defectos en el mundo. Hágase para lo moral otro tanto que para la
inteligencia, y se verá que, si hay naturalezas refractarias hay más de las que se creen, que no esperan
más que una buena cultura para dar frutos buenos. (872)
El hombre quiere ser feliz, y este sentimiento es natural. Por esta razón trabaja sin cesar por mejorar
su posición en la tierra; busca las causas de sus males para remediarlas. Cuando comprenda que el
egoismo es una de ellas - la que engendra el orgullo, la ambición, la codicia, la envidia, el odio y los celos,
que le perjudican a cada instante-, que perturba todas las relaciones sociales, provoca las disensiones y
destruye la confianza, obliga a estar siempre a la defensiva contra su vecino, que hace, en fin, del amigo
un enemigo, comprenderá también entonces que ese vicio es incompatible con su propia felicidad, y hasta
añadimos con su propia seguridad. Mientras más sufra a consecuencia de él, más sentirá la necesidad de
combatirlo, como combate la peste, los animales nocivos y demás calamidades. Será solicitado a ello por
su propio interés. (784)
El egoísmo es el origen de todos los vicios, como la caridad es el de todas las virtudes. Destruir el uno y
fomentar la otra, tal debe ser el objeto de todos los esfuerzos del hombre, si quiere asegurar su dicha así
en la tierra, como en el porvenir.