La cura de la obsesión es un trabajo milenario
sobre la tierra. La adquisición de la paz es el
resultado de luchas y esfuerzos que
disciplinan al ser, condicionándole los hábitos
saludables, con los cuales entra en armonía
con la vida.
La mente del hombre es el espejo que refleja
los estados íntimos, las conquistas logradas y
las que están por conseguir. En los paisajes
mentales se expresan fácilmente los estados
múltiples de la personalidad, que encadenan
éxitos y fracasos, que se exteriorizan en
formas depresivas, ansiosas, traumáticas,
neurasténicas y otras, que dan origen a
enfermedades psíquicas de variada y compleja
enumeración.
La mente, en el torpe comercio de los
intereses subalternos, produce una
spicoesfera pestilente, de la cual se nutren
vibriones psíquicos, formas-pensamiento
mezcladas con Entidades perversas, viciadas y
dependientes, en un espectáculo desordenado,
deprimente.
El hombre es el compendio de sus anhelos y
realizaciones. Mientras él no elabore elevadas
necesidades íntimas, se eternizará en las
permutas groseras de la faja de los instintos
primitivos. Por esta causa, la Humanidad
padece urgentes carencias en las áreas
rudimentarias de la vida… Al dejarse
martirizar por deseos inconfesables, aun no
se ha decidido a seguir la conducta
realmente emocional, que le permita el
trabajo interior para deshacerse de las
sensaciones que responden por los intereses
groseros, generadores de las luchas por la
posesión, con predominio del egoísmo.
Cuando fijamos en la mente paisajes sombríos
perdemos la percepción estética de las
visiones armónicas de la Naturaleza. De la
misma forma que el hombre experimenta las
sensaciones del placer salvaje, pierde interés
en adquirir los valores estéticos y liberadores
del alma. La transposición de proyectos y
aspiraciones, mientras está en el área de la
voracidad y de la exageración carnal,
solamente sobreviene del pesado tributo de
dolor y de los fuertes aguijones de la aflicción.
Toda ascensión exige la colaboración del
sacrificio y de las renuncias. La visión de los
amplios horizontes coloridos, solamente es
lograda después de la victoria sobre las caídas
sombrías y los caminos tortuosos.
El fatalismo de la vida es para el bien y el
destino es para la felicidad. Conseguirlos al
impulso del amor o conquistarlos con
sufrimiento, son las únicas opciones que
tendrá que escoger.
Los Espíritus fuertes son los que procuran
conquistar lo bello y liberarse de los vicios,
marchando al frente, con frenesí, despertando
al mismo tiempo a los que yacen rezagados
que están bajo el influjo de la ilusión y
encadenados a los placeres seductores y
venenosos.
Todos tenemos un día que haber conquistado
el amor. El deber del buen cristiano es
extender hasta el infinito su cielo para que los
que sufren en la vida, encuentren la paz y la
esperanza.
Todos los seres humanos tienen el auxilio
paternal de Dios, las Entidades Benefactoras,
se encargan de auxiliar a los alineados en
ambos planos de la vida, participan de las
ocupaciones en la caridad fraternal, llenos de
amor y profundo respeto hacia las víctimas,
cuidándose de no censurarlas, ya que
comprenden que el cuerpo es efecto y no
causa de la vida, y en él se establecen las
bases de la elevación; cuando los seres tomen
conciencia de que la cuna es la puerta que
se abre para el cuerpo como el sepulcro es el
que la cierra, sin que nadie entre o salga de la
vida; cuando se establezcan metas que
traspasen los limites de una breve existencia
corporal, será diferente la actitud que habrá
de asumirse ante las situaciones y
circunstancias de lo cotidiano.
Solamente la visión de la Reencarnación,
proporciona mediante una perfecta integración
del Espíritu, el proceso de ascensión.
No olvidemos que el bien posee un lenguaje
universal en los diccionarios de Dios, que
producen valores que pueden ser utilizados en
todas partes, merced a los cambios divinos.
Es muy diáfana la línea divisoria entre la
salud y el equilibrio mental.
Una ligera excitación, alguna situación
depresiva, una ansiedad o un momento de
aflicción, la escasez de recursos financieros, la
imposibilidad social, la falta de trabajo digno,
entre otros muchos factores, pueden llevar al
hombre a cambiar su salud mental
enajenándolo de forma temporal, pudiendo
luego retornar a la posición normal de salud.
Los problemas de orden emocional y
psicológico comúnmente son los que conducen
al trastorno de la conducta psíquica.
Además de los factores que disponen a la
locura, entre lo que se ubica en el karma del
Espíritu, hace que muchos individuos se
encuentren en plena frontera de la obsesión
espiritual que los induce a dar el paso al
frente, arrojándolos al angosto camino de la
alineación de comportamiento grave y de difícil
recuperación…
Los idolatras del sexo, los violentos, los
exagerados. Los adictos a vicios de cualquier
naturaleza, los pesimistas, los envidiosos, los
amargados, los sospechosos incondicionales,
los celosos, los obsesos, con los que con
mayor facilidad trasponen los límites de la
salud mental.
La obsesión es una frontera peligrosa para la
locura irreversible.
Al principio, es sutil y transparente; luego, se
agrava en razón de la tendencia negativa con
que la recibe el infractor de los Soberanos
Códigos de la Vida.
Da origen a diversas enfermedades, la
principio imaginarias, que recibe por vía
telepática, las cuales se pueden transformar
en males orgánicos con derivaciones
insospechadas a voluntad del agente que
induce a la victima que lo hospeda, a situaciones lamentables.
En la tierra, hay mucha más obsesión
propagándose de lo que nadie puede imaginar
y creer.
En este mundo que es de intercambio mental,
vivo y pulsante, cada ser sintoniza con otros
equivalentes, prevaleciendo, entretanto, las
especies más pesadas de vibraciones
negativas, que perturban gravemente la
riqueza psíquica, social y moral de los
hombres que en el habitan.
No obstante, la vigilancia del amor de
Jesucristo actúa en forma positiva, al trabajar
con eficiencia, a fin de modificar los dolorosos
cuadros de la actualidad, y dar así
surgimiento a un nuevo periodo de salud y de
paz.
En este contexto, el Espiritismo – que es el
más eficaz y sencillo tratado de Higiene Mental
– desempeña un importante papel, como el de
prevenir al hombre de los males que él genera
para si mismo y que puede evitar, como
también, le facilita los recursos para superar
la problemática obsesiva, al mismo tiempo,
apoya y enriquece a los nobles profesionales y
misioneros de la Psicología, de la Psiquiatría,
del Psicoanálisis…
La adquisición de la paz es el resultado de
luchas y esfuerzos que nos disciplinan,
condicionándonos los hábitos saludables, con
los cuales entramos en armonía con la vida.
La mente es el espejo que refleja los estados
íntimos, las conquistas logradas y las que
están por conseguir.
Dinamo generador de recursos psicofísicos,
dirigido por el Espíritu que se vale de la
constitución cerebral, en los paisajes mentales
fácilmente se expresan los múltiples estados
de la personalidad, que encadenan éxitos o
fracasos, que se exteriorizan en formas
depresivas, ansiosas, traumáticas,
neurasténicas y otras, que dan origen a
enfermedades psíquicas de variada y compleja
enumeración.
Frente a esos estados enfermizos, se abren
anchas brechas que permiten y estimulan las
parasitosis espirituales que degeneran en
síndromes obsesivos que muchas veces se
prolongan hasta convertirse en subyugaciones
de curso irreversible.
a) Recepción de la idea perturbadora.
Viviendo en un permanente intercambio,
consciente o inconsciente, los espíritus – tanto
encarnados como desencarnados –
participamos de las vivencias en el cuerpo y
fuera de él.
No solos por los procesos de venganza
personal, en los cuales los enemigos se
buscan para provocarse males y cobranzas
injustificables, como también, por factores de
distintos motivos, se asimilan ideas y
pensamientos a través de la simple sintonía
de la propia onda en que se sitúan las mentes.
Abordada por vibraciones negativas, la mente
ociosa o indisciplinada, viciada o rebelde,
registra la interferencia y en virtud de no
ajustarse a un programa educativo de la
voluntad, recibe el impulso de la idea,
permitiéndose aceptar la sugestión
perturbadora que alberga y se fortalece bajo la
natural adaptación de los complejos y traumas
de los comportamientos pesimistas que son
peculiares a cada uno.
Aceptada la persuasión, se establece un
vínculo con las sombras como forma de
intercambio psíquico.
b) Intercambio mental.
Una vez fijada la idea infeliz, los archivos del inconsciente desbordan las impresiones
angustiosas que duermen almacenadas,
confundiéndose en la conciencia con las
informaciones actuales, al mismo tiempo que
se encuentra en desorden por la influencia de
la parasitosis externa que se adueña del
campo expuesto, sin defensas.
Por un natural proceso selectivo y teniendo en
cuenta las tendencias, las preferencias
emocionales e intelectuales del paciente, la
obligación impuesta produce una mejor
aceptación de los recuerdos perniciosos, que
sirven de vehículo y acceso al pensamiento del
invasor.
La polivalencia mental, en casos de esta
naturaleza, tiende a la idea fija, que produce
los cuadros de la fascinación torturante y
finalmente los de la subyugación de difícil
reversibilidad.
La obsesión simple es una parasitosis común
en casi todos los individuos, cuando se la
considera la natural comunicación psíquico
vigente en todas partes del Universo.
Al tener en cuenta la infinita variedad de las
posiciones vibratorias en las que se detienen
los hombres, estos sufren, cuando intervienen
en esas fajas, al sintonizar a través de un
proceso normal, con los otros comensales hay
situados.
Si son portadores de aspiraciones nobles, en
donde se instalen, consiguen mayor impulso
para el crecimiento.
Al permanecer en la construcción del bien,
difícilmente serán objeto de las influencias
perversas o criminales procedentes de las
regiones inferiores.
A pesar de eso no quedan indemnes a la
agresión temporaria o permanente de la que
se liberan frente a los objetivos morales que
persiguen, gracias a los cuales vibran en una
escala psíquica más elevada.
No obstante, si se interesan en situaciones de
vulgaridad y de placer, de falta de piedad o de
pereza, de vicio o desorden, reciben mayor
influjo de ondas mentales equivalentes,
cayendo en los abismos de la emoción
aturdida del desequilibrio…
Esos pacientes, llevan al lecho, antes del
reposo físico las angustias preocupantes, las
ambiciones desenfrenadas, las pasiones
inquietantes, deteniéndole en reflexiones que
las vitalizan, viviéndolas a través de la mente,
cuando no encuentran los medios de
disfrutarlas físicamente… al desdoblarse bajo
la acción del suelo, se encuentran con los
afines – encarnados, o no – con los cuales se
identifican y reciben amplias cargas de falsas
necesidades o dando oportunidad a los
estados anhelados que más los perturban y
afligen.
Cuando despiertan, con la mente atribulada,
torpe, dominados por el cansancio físico y
psíquico, encuentran dificultad para concretar
los compromisos y las lecciones edificantes de
la vida.
En esa posición – con la idea obsesiva fija y la
acción viciosa establecida – se produce el
intercambio mental.
Ya no se trata del pensamiento que busca
acogida, sino de la actividad que intenta el
intercambio, manteniendo el dialogo, la
discusión, el análisis de los asuntos
pautados – siempre de naturaleza perjudicial y
que a una persona sana, le causaría
repulsión instintiva, pero que el paciente se
complace en cultivar -, motivos estos que
originan el predominio del parasito espiritual,
que poco a poco se acerca más psíquicamente
a la casa mental y a la voluntad de su
semejante.
c) Reflejos de la interferencia.
Como efecto natural, surgen los síndromes de
la inquietud: las desconfianzas, los estados de
inseguridad personal, las enfermedades de
poca importancia, los fracasos en torno al
obseso que aumenta las angustias, dando así
lugar a la incertidumbre y a la más amplia
perturbación interior.
Genera una spicoesfera perniciosa alrededor
de si mismo mediante la eliminación de
fluidos dañinos de los que es víctima y los
absorbe en forma más condensada; por
negarse a escuchar temas saludables,
participar en convivencias amenas, leer
paginas edificantes, auxiliar al prójimo, y
renovarse mediante la oración.
Conforme la constitución temperamental, que
es un factor de relevante importancia, se hace
apático, tiende a la depresión, se sumerge en
la melancolía por el mensaje telepático
deprimente y de los formatos mentales
pesimistas que se filtran del archivo de la
inconsciencia. Por el contrario, si es dotado de
constitución nerviosa excitada, se vuelve
agresivo, violento, en actitudes discordantes –
estalla por niñerías, de las cuales luego se
arrepiente – exponiendo el aparato psíquico y
los nervios a altas cargas de energías que
daña los sensores y los conductores nerviosos,
con prejuicios singulares para la organización
fisio – psíquica.
En ese periodo, se pueden percibir los estereotipos de la obsesión, que se revelan con facilidad por las actitudes insólitas, por el
comportamiento ambivalente – equilibrio y
distonía, depresión y excitación – que
perturban al individuo.
A los hábitos saludables se suceden a las
reacciones intempestivas señaladas como
exóticas, la pérdida de los conceptos de
criterio y valor que juntos, dan lugar a
extrañas y contradictorias formas de
conducta.
La línea del equilibrio psíquico es muy tenue y
delicada.
Las interferencias de cualquier naturaleza en
la faja de la movilización de la personalidad,
casi siempre producen disturbios, que
empujan al individuo a procedimientos irregulares al principio, que después se
establecen como delineamientos neuróticos.
La acción fluidica de los desencarnados, por la
flexibilidad y la obstinación de estos, cuando
son ignorantes, envidiosos, perversos, por su
insistencia interfieren en el mecanismo del
huésped, lo que complica el cuadro con la
persuasión inteligente, en telepatía perjudicial,
que facilita la simbiosis con el anfitrión.
En esa fase, y antes que el paciente asuma la
interferencia de que es víctima, la terapia
espirita se transforma en resultado positivo,
liberador.
No obstante, lo ideal es la actitud noble frente
a la vida, que funciona como psicoterapia
preventiva y que constituye el sistema para el
optimismo y la paz.
OBSESIÓN POR FASCINACIÓN
Establecidos los lazos de la comunión, el
proceso continúa y ajustando los conectores
del canal obsesivo con el receptor, que a partir
de ese instante comparte sus ideas con las
ideas que le son insufladas.
A medida que el campo mental de la victima
cede terreno, está no solo asimila la influencia
telepática, sino también las actitudes y
maneras de ser de su huésped.
En ese intervalo la persona pierde la noción
del ridículo y de las medidas habituales que
caracterizan el discernimiento, acatando
sugerencias que incorpora, aceptando
inspiraciones como criterios, que a todos se
presentan como disparates y que a ella se son
perfectamente lógicos.
Por conocer las imperfecciones morales, el
carácter y la conducta de aquellos a los que
perturban, los Espíritus les inspiran e
imponen las ideas absurdas con el objetivo de
aislar al paciente de los recursos y personas
que los pueden auxiliar.
Les inspiran el orgullo de misiones especiales,
disfrazados de humildad y paciencia erróneas,
que los vuelven falsamente místicos o rebeldes
cuando se sienten descubiertos por la razón y
perspicacia de las personas lúcidas y
conocedoras de esas técnicas infelices,
creyendo que son formadores y apóstoles
encargados de cambiar las estructuras de la
vida al arbitrio de la irresponsabilidad y
presunción.
Mientras se debaten en el desorden de la
fascinación de la que se convierten en presa
fácil, se desligan de las últimas defensas y
aflojan las compuertas de los diques de la
lógica, dando con esto, oportunidad al
episodio más complejo de la turbación mental.
Puede deducirse, entonces, las dificultades
que el problema sugiere e impone, por no
poder contar con el auxilio del obseso.
En toda obsesión, como en cualquier
sufrimiento, están como ejemplo los recursos
débito-crédito del individuo. No hay duda de
que la disposición con que este se revista,
contribuirá mucho y decisivamente para los
resultados del intento, liberador o angustioso,
conforme el empeño que emplee.
El dolor nace de la falta de respeto al orden
establecido, como el odio es el fruto del
egoísmo. Del personalismo amargado.
No existe persona alguna que esté destinada
al sufrimiento, la desidia o el mal.
El hombre, al desprenderse de los recursos
defensivos, cae en la agresión que lo acorrala
o enferma.
Los esfuerzos que emprende junto a las
acciones que ejecuta, se constituyen en una
coraza contra el mal, conquistas que deberá
alcanzar para elevarlo a las fajas vibratorias
propias que lo defienden y liberan.
Por eso mismo, la fascinación procede de la
indolencia moral y mental del paciente y
exacerba sus valores negativos, los que son
hábilmente instigados por su antagonista
espiritual.
Por lógica consecuencia, los intentos para la
liberación se presentan más complejos,
exigiendo por lo tanto, abnegación, esfuerzo y
asistencia continua.
OBSESIÓN POR SUBYUGACIÓN
En cada caso de alineación obsesiva se
encuentran razones hostiles que caracterizan,
específicamente, el proceso. Por eso mismo, a
pesar del que el origen son las faltas morales
del enfermo y el agente, la Entidad
desencarnada, los móviles influyentes y
predominantes varían de acuerdo a cada
persona.
La terapéutica, aunque generalmente es la
misma, lo resultados varían según los
pacientes, sus fichas kármicas y los esfuerzos
que estos emprenden para desenmarañar la
trama en que se envuelven.
En el panel de las obsesiones, a medida que se
agrava el cuadro de la interferencia, la
voluntad del huésped pierde el control del
comando personal, en razón directa con la que
el invasor asume el gobierno.
Es más grave cuando se trata de un espíritu
lucido, técnica e intelectualmente, que se
adueña de los centros cerebrales con la
imposición de una liberación bien concentrada
en los móviles que persigue, manipulando con
habilidad los dispositivos mentales y físicos
del perturbado.
De esta forma, la subyugación puede ser
física, psíquica o fisio-psíquica,
simultáneamente.
La primera, no significa la pérdida de la
lucidez intelectual, porque la acción se
produce directamente sobre los centros
motores y obliga al individuo, no obstante se
niegue a obedecer, a ceder a la violencia que lo
oprime. En este caso, pueden irrumpir
enfermedades orgánicas, al crearse
condiciones celulares propias para la
contaminación por virus y bacterias o
también bajo la vigorosa y continua acción
fluidica, destruyendo los tejidos fisiológicos o
perturbando tanto el anabolismo como el
catabolismo, manifestándose en disturbios del
metabolismo general, con singulares perjuicios
físicos…
En el segundo caso, el paciente dominado
mentalmente, cae en un estado de pasividad,
muchas veces bajo tortura emocional, que
llega a perder por completo la lucidez, aunque
no afecta al Espíritu encarnado propiamente dicho, que experimenta la imposición penosa
por medio de la cual depura la
irresponsabilidad y los delitos pasados. De
esta manera pierde temporaria o
definidamente, durante su actual
reencarnación, el área de la conciencia, sin
poder expresarse libremente.
Un incesante aturdimiento lo domina, la
visión, la audición, así como los demás
sentidos, se confunden con la realidad objetiva
al imperio de las vibraciones y fajas que
registra en forma desordenada en la esfera
física y en la espiritual.
El Espíritu encarnado se mueve en un
laberinto que lo atemoriza, sujeto a un
adversario obstinado que lo maltrata, lo
aterroriza con crueles amenazas, en un firme
parasitosis en la desconcertada casa mental.
Finalmente, se apodera, simultáneamente, de
los centros del comando motor y domina
físicamente a la víctima, la que queda inerte,
subyugada cometiendo atrocidades sin
nombre.
En los procesos obsesivos, sin dejar de
repetirlo, están involucradas en la Ley las
personas que constituyen el grupo familiar y
social del paciente, situado ahí por la
necesidad evolutiva y de rescate para todos.
No pueden evadirse a la responsabilidad los
que fueron cómplices o coautores de los
delitos, cuando los infractores más
comprometidos son alcanzados por la
innegable justicia. Reunidos o enlazados por el
parentesco sanguíneo o a través de
circunstancias de afectividad y de afinidad,
forman los grupos a los cuales se les prevé de
los recursos reeducativos en el intento de
progreso.
La cruz de la obsesión es un peso que cae
siempre sobre los hombros de las conciencias
comprometidas.
TERAPIA DE LA OBSESIÓN
Conforme se presente el cuadro de alineación,
también varían los recursos terapéuticos.
Se sabe que el agente es un ser que piensa y
actúa movido por una razón que le parece
justa, cualquier política de engaño aparente
de la honestidad se vuelve ineficaz,
aumentando la hostilidad y la tenacidad del
perseguidor.
El principal motivo, debe ser concentrar todas
las atenciones en el enfermo desencarnado,
tratándolo con bondad y respeto, aunque no
se éste de acuerdo con lo que hace.
La principal urgencia es la de conquistar al
agente infeliz para la intima renovación, por
cuanto la mala acción siempre procede de
quien no está bien, por más que este oculte o
disimule los sentimientos y su propio estado.
Debe evitarse la discusión inútil, revestirse de
real humildad que refleje el interés amoroso
por el bienestar del otro, quien acabará por
envolverse en ondas de confianza y armonía
con los que se beneficiara, cuando cambie de
actitud en relación a los propósitos
mantenidos hasta entonces.
Al mismo tiempo, debe educarse al paciente a
la luz del evangelio, insistiendo con afabilidad
por su transformació n moral y creando a su
alrededor condiciones psíquicas armónicas,
con las que se restablecerá emocionalmente y
esto le estimulará a contribuir con la parte
que le corresponde.
Atraerlo a la práctica de acciones dignificantes
y de beneficencia, con las que se granjeara
simpatías y vibraciones positivas, lo
fortalecerán y modificaran su campo síquico.
Asimismo, estimularle el habito de la oración y
de la lectura edificante, al mismo tiempo,
formarle el carácter que debe tornarse
maleable al bien y resistente al vicio.
Las mentes viciosas se impregnan de
vibraciones y parásitos extraños, desvariados
por el desarrollo de los excesos perniciosos.
Junto a esta psicoterapia, es necesario la
aplicación de los recursos fluídicos, ya sea a
través del pase, del agua magnetizada o
mediante la oración intercesora con la que se
vitalizan los núcleos generadores de fuerzas,
estimulantes de la salud, con el poder para
desconectar los plugs de las respectivas
matrices, de modo que el deudor se rehabilite
ante la Conciencia Cósmica por la aplicación
de los valores y servicios dignificantes.
No ocurren milagros en estas situaciones ni
en otras de cualquier naturaleza. El
acontecimiento milagroso, cuando parece
acontecer, es el resultado de una acción muy
bien programada, cuyos efectos son
registrados y las causas no son
necesariamente por el momento, conocidas.
Toda persona que desee contribuir en la esfera
del socorro desobsesivo, no debe descuidar su
conducta intima ni sus ligaciones con el Plano
Espiritual Superior, de donde fluyen los
recursos suavizantes y saludables para el
cometido del amor.
Al recordad a Jesús, delante de los obsesos y
de los obsesores, busquemos Su ayuda e
inspiración en la condición elevada que Él
ocupa como “Señor de los Espíritus”
Extraído del Libro "En las Fronteras de la Locura" de Manuel Filomeno de Miranda, Medium Divaldo Pereira Franco |